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Phantom of the opera

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lunes, 24 de octubre de 2011

Adentrándose en lo desconocido

Al día siguiente se prepararon para su presentación. Stephano por suerte entendía mucho de historia, así que se inventó una bastante creíble sobre quien era Ella. Se vistieron sin prisa, querían estar impecables. Stephano encontró en algún lugar, sería alguno de esos de los que no quería hablar a Ella, un traje bastante decente. Él se haría pasar por su mayordomo de una Dama de la alta sociedad francesa del sur. Probablemente la tomarían como una noble de provincia, pero era la única manera de entrar. Las nobles de París conocían muy bien a las que pertenecían a las provincias del norte. Solo tenían una oportunidad, tenía que aprovecharla al máximo.
Cuando salieron de allí, alquilaron un carruaje un poco más vistoso y más caro. Ella se sorprendía de dónde sacaba tanto dinero. Había intentado preguntárselo un par de veces, pero él siempre había contestado de manera muy violenta. Por eso había desistido. En realidad necesitaban aquel dinero y aquellas prendas. Se presentaron ante la puerta principal. Ella estaba muy nerviosa. Nunca se había hecho pasar por otra persona. Estaba temblando.
- Voy a ir delante para presentarte- la dijo Stephano cuando estuvieron a escasos minutos de su destino.
-Va va va vale- dijo Ella tartamudeando
-Tienes que estar segura de ti misma, presumida, altiva, como si fueses una noble de alta cuna- la regañó Stephano. Ella nunca se había sentido tan insegura. Normalmente era una persona que sabía lo que quería, cuando lo quería y cómo lo quería, pero allí estaba perdida.
Salió detrás de él, respiró hondo, empezó a caminar. Se la abrieron las puertas de par en par. Los guardias se la quedaron mirando boquiabiertos. Intentaron disimular, pero les fue complicado. Era la mujer más bella que habían visto desde la antigua amante del rey. Esta había muerto de una larga enfermedad crónica. Por lo menos esa había sido la versión oficial. Todos sabían que aquello no era cierto. Había enfermado misteriosamente después de una pomposa cena. Se creía que la habían envenenado con un derivado del cianuro. Definitivamente aquella joven que pasaba a su lado les había  cautivado.
Ella se sorprendió de la facilidad con la que había sido adentrarse en aquel magnífico palacio. Se adentró y esperó en una pequeña sala contigua. Stephano se acercó minutos después. No la pudo decir mucho, tan solo que esperase allí que iba a ser recibida por alguien. Este decidiría si podía pasar a la zona dónde estaban los demás nobles o no. Se sentía peor que en una entrevista de trabajo. Ante ella se presentó un hombre. La hizo mucha gracia su vestimenta. Era muy diferente a lo que estaba acostumbrada. El estilo pomposo de aquel hombre hacía que sus movimientos fuesen algo torpes. Se sentó en un canapé y la invitó a sentarse con él. Stephano se colocó a su lado, ni muy cerca ni lejos. Tenía miedo por ella. Iba demasiado despampanante.

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