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Phantom of the opera

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miércoles, 27 de julio de 2011

Explosión de partículas

Aquel círculo proyectaba una extraña energía. Venció su miedo y se acercó. Cuanto más estaba en contacto con aquella luz, más quería. Era algo totalmente adictivo. 
Las piedras que estaban incrustadas relucían con un brillo cegador. Todo la invitaba a avanzar hacia allí.  Se acercó hasta el límite. Intentó frenar, pero algo se lo impedía.  Metió una mano dentro del círculo, después metió la otra. Y en menos de un minuto estaba entera dentro del círculo. En ese momento escuchó un ruido. La puerta de salida se abrió bruscamente y Stephano entró corriendo. La estaba gritando algo, pero Ella ya no le escuchaba. Estaba concentrada en un suave canto que salía de la puerta circular. Se adentró más. Aquel canto la relajaba hasta límites insospechados.  
Repentinamente el canto cesó y notó como su cuerpo explotaba en mil pedazos. Se dividió en millones de partículas que empezaron a chocar entre sí. Se estaban volviendo locas, igual que ella. Aunque en aquel momento Ella ya no existía, tan solo quedaban aquellas partículas y su esencia. 
Por un momento se paró todo. Fueron tan solo unos segundos porque enseguida aquellas partículas se empezaron a adentrar más y más en la puerta circular. La sensación allí dentro empezó a ser agobiante. Atravesaba masas de diferentes colores a una velocidad supersónica. Empezó sentirse mareada. Aunque su cuerpo se hubiese descompuesto, su esencia seguía viva y entera.

lunes, 25 de julio de 2011

Puerta circular

Al principio pensó en volver a su habitación. Pero la sombra que había visto no dejaba de rondarle la cabeza. Miró a su alrededor y no vio a Stephano. Bajó las escaleras y se dirigió en la misma dirección que aquello que la perturbaba la mente.
Se encontró en un largo pasillo lleno de puertas. No sabía donde se había escondido la sombra. Era complicado ver algo entre tanta oscuridad. Llegó hasta el final del pasillo, pero no vio nada. Se quedó pensativa y decidió volver a las escaleras desilusionada. Cuando al fin se decidió por volver, vio una leve luz que salía por debajo de la puerta. Se acercó y escuchó atentamente para ver si oía algo extraño. Esperó unos minutos pero nada. Decidió intentar abrir la puerta, al principio la costó mucho, pero dada su insistencia cedió.
Cuando entró se encontró sola en una gran habitación de madera. En el centro de ella había una gran puerta circular. Era de piedra gris con incrustaciones de pequeñas piedras. Eran tan pequeñas que de lejos no se veían. Eran de todos los colores: cuarzo rosa, aguamarina, turquesa... Le daba un aspecto brillante.
Cuando se acercó el interior se volvió de color gris. Ella se acercó a la puerta por el repentino miedo que sintió. Justamente cuando tocó el pomo de la puerta, energías blancas empezaron a salir del centro del círculo.

viernes, 22 de julio de 2011

Una sombra entre los festejos

Intentó camuflarse entre la gente para buscar una salida. No veía ninguna puerta cercana. El salón daba a largos pasillos y Ella no sabía cual elegir. Por lo menos había conseguido perder a Stephano de su vista. Eso era una buena señal, quizás por fin las cosas la empezaban a salir bien. Cruzó todo el salón mientras sonaban lentas canciones que hacían que todo el mundo saliese a la pista a bailar. A su paso miraba a cada una de las damas, eran de una delicadeza excepcional. Se adentró en uno de los pasillos. Intentó ser cauta para que nadie la viese. ¿Acaso lograría salir de allí?.
A lo lejos vio como algo producía destellos. Aceleró el paso, había una gran puerta al final. Era su oportunidad perfecta para escapar. Pero una sombra se cruzó en su pasillo. Se quedó petrificada cuando el gran cuerpo de Stephano apareció ante ella impidiendola el paso.
-Te dije que no intentases escapar- le dijo enfadado.
-No soy tu prisionera- le contestó Ella bruscamente.
-Pues considérate como mi invitada- y la cogió por la cintura y subió a sus brazos. No iba a dejar que se escapase, ya no sabía si para que no desvelase la reunión que había visto o porque la quería para si mismo.
Por unos pasillos colindantes a la sala de baile la llevó hacia las grandes escaleras de caracol. La dejó en el suelo y la dijo que o bien podía subir a su cuarto o seguir en el baile, pero tenía prohibido salir de ahí. Con esas palabras se fue. Ella se quedó pensativa, hasta que se fijó en que una sombra se estaba moviendo  no muy lejos de ella.

miércoles, 20 de julio de 2011

Un pequeño baile

Como no tenía nada que hacer se fue a dormir. Esa noche durmió muy intranquila. No hacía más que soñar cosas extrañas. Pasadizos que no la llevaban a ningún lugar. Una música la despertó. Se incorporó y encendió la luz. Se encontró con un elegante vestido encima y un pequeño cesto de aseo.  Le pareció muy extraño pero se acercó para verlo mejor.  Encontró una pequeña nota, la leyó atentamente "A medianoche te espero". Una ola de excitación acarició sus sentidos.
Se bañó y vistió con mucho mimo. Estaba nerviosa. Sacó de su bolso su rizador de pestañas, y se aplicó una capa doble de máscara de pestañas. El vestido rojo era de su talla y el escote en pico la favorecía.
Se puso unos zapatos de tacón alto y salió de la habitación. No había nadie esperándola así que fue sola hasta las grandes escaleras. El suelo de mármol ajedrezado era de un brillo indescriptible.
Cuantas más escaleras bajaba, más sonora era la música. No conocía la distribución de aquella mansión, pero se orientó por los sonidos. Pronto llegó a una gran puerta de madera. Estaba tallada en forma de árbol. Era impresionante.
La abrió con cuidado y se encontró ante una gran sala de baile. Estaba llena de personas elegantes y mujeres bellisimas. Sintió como los ojos negros se clavaban en su espalda.

lunes, 18 de julio de 2011

Reflexiones salvajes

No la había visto desde que la había llevado a su casa. El efecto de la droga que la había suministrado había durado más de lo previsto. No sabía porque pero se había enfadado nada más verla. Esa mujer despertaba en él los instintos más descontrolados. Había sido brusco y maleducado, pero no había podido evitarlo. Debía controlarse, era Stephano Doglioti Conde de Verona. No podía permitirse esos impulsos.
No sabía como aquella mujer había llegado hasta las ruinas. No debería dejarla vivir, pero por otro lado quería cogerla y desgarrar su ropa. Su cabeza era un remolino de ideas. La Orden a la que pertenecía no iba a apoyar sus actos si se enteraban. No podía dejarla libre, pero tampoco mantenerla como su prisionera para siempre. Tenía la vista nublada. Fue corriendo a coger su moto. Se sentó en ella y la hizo rugir con toda su potencia. Era tan elegante y tan fiera como su dueño. Salió del garaje a una velocidad vertiginosa.
Mientras tanto, Ella se había quedado paralizada. No estaba acostumbrada a que alguien la tratase con tanto desprecio. Si no la quería allí, la solución era muy fácil. Podía soltarla, ella no diría nada. ¿Acaso aquel hombre estaba furioso con ella? Había algo que no encajaba en aquella situación, pero de una manera o de otra lo iba a descubrir. Sus zapatos rojos la llevaron hasta la puerta. El sirviente la estaba esperando para llevarla de nuevo a sus aposentos. Con la mirada perdida abandonó aquellas estancias.

jueves, 14 de julio de 2011

Libros sobre mitología

Cuando terminó de cenar se acercó hacia la chimenea. Aquella casa era demasiado fría y el fuego que había demasiado tentador. Se sentó en un gran sillón de cuero y se dedicó a observar todo lo que la rodeaba. Se levantó y cogió un par de libros. Todos los que estaban allí eran muy antiguos. Justamente los que tenía entre manos era sobre los celtas y la mitología escandinava.
Se acercó nuevamente a la mesa y cogió su rosa. Abrió el primer libro y comenzó  a devorarlo. Era muy interesante, trataba sobre las batallas que tenían los dioses nórdicos. Freyja y Odín eran los protagonistas. Ella no sabía nada de este tipo de mitología, pero la encontró muy divertida. Leyendo pasó varias horas. Cuando empezó a leer sobre el Ragnarök escuchó un ruido a su espalda.
Se dio la vuelta tensa. La puerta se había abierto con demasiada violencia. Allí le vio, estaba observándola. Sus grandes ojos negros y sus rizos negros la dejaron totalmente hipnotizada. Ella se quedó quieta y aquel hombre empezó a acercarse lentamente. Cuando estuvo a su lado, miró el libro que estaba leyendo y se lo quitó de las manos. Se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la puerta. ¿Qué había significado eso?. ¿Por qué la había quitado el libro? , Ella no entendía este comportamiento tan brusco.


martes, 12 de julio de 2011

Una cena misteriosa

No sabía donde estaba y eso la intrigaba a la vez que la daba miedo. Cogió la rosa con mucho cuidado. Era la más bonita que había visto en su vida. La olió y por un momento se trasladó a un paraíso tropical. Se despertó de su sueño repentinamente cuando se pinchó con una espina. Pronto llegó el sirviente con una fuente de comida. La dejó encima de la mesa con mucha destreza. Se fijó en la pequeña mancha de sangre que había en la mesa y murmuró algo con tono de desaprobación.
Cuando se fue Ella miró detenidamente el plato que la había dejado. Se trataba de un increíble ejemplar de plata. En el borde aparecía tallado el ojo negro egipcio. Era el mismo que había visto impreso en las hojas rojas. Todo estaba relacionado, aunque no conseguía ver la conexión. Con esperanzas renovadas empezó a engullir la cena.
Se quedó pensativa en algunas ocasiones. No entendía como en los últimos días se habían mezclado en su vida elementos de la cultura egipcia y elementos de la cultura celta. Mirase por donde lo mirase para ella no existía relación alguna.

sábado, 9 de julio de 2011

El sirviente

No sabía cuanto tiempo llevaba sentada en la cama sin hacer nada, cuando se durmió otra vez. Soñó cosas extrañas, con castillos antiguos y luego con escenas del Fantasma de la Ópera. Se despertó sobresaltada, las imágenes que había visto eran demasiado reales, y no entendía muy bien su significado. La última vez que vio la película fue hace años.
De repente oyó un ruido en la puerta. Se giró asustada, alguien estaba abriendo el pomo de la puerta. Se asomó un hombre de pequeña estatura. Llevaba una máscara blanca que le tapaba media cara. Era inquietante mirarle. Con un gesto me invitó a que le siguiese. Me levanté de la cama y me acerqué a él.  Caminamos por unos largos pasillos. Había demasiada oscuridad, no veía muy bien por donde iba.
Entré en un gran comedor y el hombre me acompañó hasta la mesa. Me acercó una silla y me senté. Tenía una enorme rosa roja enfrente de mí.

viernes, 8 de julio de 2011

La habitación

Ella quería abrir los párpados, pero la pesaban demasiado. Lo intentó con todas sus fuerzas y al final lo consiguió. Se encontró durmiendo en una gran cama de madera. Miró por la ventana y vio el atardecer. ¿Cuánto tiempo había dormido?, no se acordaba de nada. Estaba en la sala viendo como todos caían en una especie de trance y después de eso, nada. Tenía la mente en blanco. 
Intentó levantarse con calma. Tenía un fuerte dolor de cabeza. Miró a su alrededor. Se encontraba en una habitación enorme. Todos los muebles que había eran de madera, parecían muy antiguos. El color predominante de aquella habitación era el verde oscuro. Miró al suelo y vio sus zapatos rojos relucientes. Se los puso y se acercó a la ventana.  Fuera había un inmenso jardín, y más allá, muchos árboles que parecían formar un bosque. No sabía donde se encontraba. ¿Como había llegado hasta allí?
Después de inspeccionar todo se acercó a una gran puerta. Intentó abrirla pero estaba cerrada. Volvió a la ventana, pero por allí era imposible escapar. Se encontraba a mucha altura del suelo. Se sentía como una prisionera. Miró a su alrededor. Se percató que había una pequeña chimenea, intentó meter la cabeza dentro para encontrar una salida, pero nada. No la quedaban más opciones. Empezó a sentir miedo, se sentía como una prisionera. Se sentó en la cama otra vez, estaba haciendo fuerzas por recordar algo.

miércoles, 6 de julio de 2011

Pasadizos

Él la recogió con suavidad en sus brazos. Aspiró el perfume de Ella. Miss Cherie de Dior le embriagó con su dulzura y fuerza. Se agachó para recoger sus zapatos rojos y se la llevó de allí. Debía esconderla antes que los demás despertasen de su trance.
No utilizó el camino por el que había venido aquella muchacha de piel de porcelana y tirabuzones rojizos. Se adentró en multitud de pasadizos estrechos. No estaban iluminados, pero no hacía falta, conocía cada detalle de memoria. Llegó a una sala circular muy grande. Ella seguía dormida. El calor de su cuerpo le estaba enloqueciendo por segundos. Se sentía como un animal salvaje cuando la miraba.
Cogió su moto negra. Con mucho cuidado la puso en su regazo y la agarró con fuerza. Puso la moto en marcha y como un rayo desapareció de allí. ¿Estaba haciendo lo correcto con ella? ¿Debía llevarla a su casa?, No sabía porque pero no quería separarse de ella. ¿La estaba secuestrando?, el no podía permitirse un problema como una mujer en su vida. Aceleró su moto. La miró, estaba bien sujeta a él y seguía durmiendo plácidamente. La oscuridad de la noche se cernía sobre ellos, mientras desaparecían en el horizonte.

lunes, 4 de julio de 2011

Suave aliento

Cuando el humo rojo se expandió por toda la sala, algunos hombres se desmayaron. Así, poco a poco fueron cayendo todos. Cuando el último hombre se sumió en un profundo sueño, empezaron a  caer las mujeres. ¿Era esa la oportunidad que estaba esperando para escapar?, sus zapatos rojos la llevaron a avanzar hacia la salida, pero su mente tenía curiosidad por saber lo que iba a suceder después. ¿Se despertarían? ¿Qué representaba aquel estado de trance?, demasiadas preguntas sin respuestas.
Mientras tenía un debate interior, sintió una ráfaga de aire en su nuca.
Se dio la vuelta nerviosa. Se quedó totalmente paralizada. Ninguno de sus músculos respondían. Ante ella tenía al hombre de los ojos negros. Se quitó la capucha de la cabeza y llevaba el pelo suelto. Sus grandes rizos caían por sus hombros como una cascada salvaje. Pero sus ojos no se podían apartar de aquellos ojos negros. Remarcados con khol negro, parecían incluso más intensos. La estudiaban atentamente. Ella estaba ruborizada. Sus mejillas se habían encendido. Intentaba bajar la mirada por vergüenza, pero era incapaz. Estaba hipnotizada. Sus labios rojos se volvieron brillantes.
-No deberías estar aquí- salió una voz grave de su boca.
- Lo siento- se disculpó Ella, sin más fuerzas para seguir hablando.
El se agachó hacia su cara. Ella se puso a temblar. ¿Le tenía miedo?. En cuestión de unos segundos sintió como el suave aliento rozaba la comisura de sus labios. Un escalofrió la recorrió el cuerpo.
-Lo siento por esto- le dijo el, y la clavó una pequeña aguja en el brazo. Ella se quedó inmóvil y cayó en sus brazos profundamente dormida.

viernes, 1 de julio de 2011

Humo rojo

Uno de los hombres que estaban en el centro del ritual, se levantó bruscamente. Ella se asustó y pensó que la había visto. Se acurrucó detrás de la columna en la que estaba escondida. Sus nervios estaban a flor de piel. Afortunadamente era una falsa alarma, el hombre fue hacia una antorcha y la cogió. Volvió hacia el círculo y prendió fuego a algo que se encontraba en el centro.
Los cánticos cada vez eran más fuertes y con un tono más grave. El fuego se empezó a avivar.  Un denso humo empezó a inundar toda la estancia.  Cuando toda la estancia estuvo sumida en humo, el fuego se apagó repentinamente. Los cánticos también cesaron. Poco a poco algunos miembros se empezaron a acercar donde estaban las cenizas consumidas y empezaron a cantar una nueva melodía. Las voces eran dulces, eran mujeres todas las que cantaban. Ella se asomó para ver un poco más y notó un cierto pesar. ¿A qué se debía esa sensación?, se preguntó a si misma. 
Cuando las mujeres volvieron otra vez a su posición inicial, el humo empezó a cambiar de color para pasar a ser rojo. Ella se quedó inquieta, se dio cuenta como los ojos negros la estaban observando desde la lejanía. Se puso muy nerviosa, pero ya no podía volver atrás. Se había adentrado demasiado en aquella cueva y seguramente que sí se movía, todos notarían su presencia.