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martes, 11 de octubre de 2011

Explicaciones de historia

El dolor de manos y rodillas de Ella era horrible. Llevaban tanto tiempo a gatas, que se le había echo eterno. Tenía la sensación que nunca saldrían de allí. La estaba empezando a entrar claustrofobia. Por su parte, Stephano no decía nada. Estaba serio y callado. Le notaba totalmente distante y carente de cualquier tipo de sentimiento. No estaba acostumbrada a aquello. 
Stephano tenía una conversación mental con si mismo muy seria. Por una parte el calor interno le producía molestias enormes. El calor interno de saber que tenía a aquella mujer que le volvía loco detrás. El frío de saber que si sucumbía a sus instintos perdería la concentración. En unos momentos así era lo que más necesitaba, concentración y cabeza fría para sacarles del problema en el que se habían metido.
Cuando llevaban ya tres horas de tránsito, el camino al fin cambio. Aparecieron unas escaleras que llevaban a la superficie. Con una meticulosidad extrema subieron e intentaron salir. Nada más pisar tierra una gran alegría invadió a Ella.  Se encontraban en los jardines de Louvre. Justo donde necesitaban llegar. Se sintió feliz, por fin la suerte les sonreía. A pesar de que todas las luces estaban apagadas, y no se veía nada. Se apresuraron a esconderse detrás de unos árboles. Se acercaron poco a poco. 
-Parece que no hay nadie- susurró Stephano.
- Ayer estaba lleno- le contestó Ella sorprendida.
-¿Qué mes es?- preguntó de repente él.
-Octubre-
- Entiendo- reflexionó Step- si no recuerdo mal, leí en algún libro que en Octubre toda la corte se traslada a Versailles, debemos ir hacia allí- volvió a susurrar- vamos allá-.
- ¿Por qué a Versailles?- se extrañó Ella.
-Es el lugar preferido del rey y en otoño hace muchas obras de teatro y espectáculos- la explicó brevemente- ahora tenemos que buscar un medio de transporte-

sábado, 1 de octubre de 2011

Al otro lado del río

De pronto se paró. Se encontraba en un puente. Sus pensamientos se fueron con el suave circular del Sena. Miró hacia el suelo, una lejana luz hizo brillar sus zapatos. Aquellos zapatos rojos con los que estaba obsesionada toda su vida. Por lo menos había descubierto el misterio de su manía.  Por un momento se había acordado de aquel puente que estaba lleno de candados. Siempre le había parecido una cosa curiosa. Le encantaba ese puente. Otra vez deseó estar en su casa y mirar por su ventana como se encendía por la noche la Torre Eiffel.
Escuchó voces a lo lejos. Una voz conocida de hecho. Aquello la devolvió a la realidad. Eran los hombres de la función. Seguían buscándola. Ella se asustó. Se ajustó el vestido y empezó a correr. Tenía que llegar al refugio subterráneo lo antes posible. Sus zapatos rojos la llevaron a mucha velocidad a una zona segura. Corrió y corrió hasta que no sintió como sus zapatos cedían. Algo se había roto. Miró a su alrededor. Por suerte se encontraba cerca de su destino. Había multitud de casas impresionantes en aquel lado del río. Lo malo que eran similares, y que fuese de noche no ayudaba en absoluto. Andaba con todos sus sentidos alerta. Por un lado tenía que escapar de los hombres, por otro buscar su cobijo. Con el siguiente paso, se le rompió definitivamente el zapato. Tendría que continuar descalza. Por un momento se acordó de las pestes que sacudieron a Europa. Intentó desechar aquella idea atroz enseguida.
Cuando al fin encontró lo que buscaba se zambulló bajo tierra enseguida. En cuanto sus pies tocaron el  embarrado suelo, un ejército de escalofríos recorrió su cuerpo. En la vida había sentido repugnancia por algo. Escuchó el rápido correteo de algo. Procuró no imaginarse que eran ratas. Empezó a correr. En su vida había corrido tan rápido. Cuando llegó a la guarida no encontró a nadie. Se adentró buscando el canapé. Allí estaba Stephano, de su frente seguían cayendo gotas de sudor, pero por lo menos no se veía tan pálido. Se acercó temblando hacía él. Tenía miedo de perderle. En realidad estaba aterrada. Se acordó entonces de Ágata. Ella sola no podría salvarla. Le necesitaba. Y con ese pensamiento se durmió en su regazo.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Un disfraz

De repente Ágata se levantó y desapareció por la puerta. La dejó sola con la anciana y el jorobado. Era una situación tensa. Seguía sin confiar en ellos. Sabía que intentaban cuidar de Stephano, pero aún así había algo en ellos que no la convencía. Quizás las intenciones ocultas de por que les ayudaban. Dado que no tenía mucho que hacer, rebuscó entre los papeles algo que pudiese ser válido para atar cabos.  Encontró varios escritos que estaban relacionados con el rey, la corte y las fiestas. También encontró un libro lleno de diminutas ilustraciones. Estaba en latín y aunque no entendía nada, por las ilustraciones dedujo que se trataba de un libro religioso. Intentaba no mirar a Stephano. Cada segundo que pasaba y él no reaccionaba su cuerpo se quedaba sin aliento.  ¿Podían estar el amor y el odio unidos eternamente?, ¿podían caminar de la mano y ser un sentimiento tan real como el respirar?, las mismas preguntas rondaban por su mente una y otra vez.
Pasaron horas hasta que volvió Ágata. Cuando por fin escuchó sus pasos, fue corriendo a su encuentro. Llevaba un gran saco, la ayudó a llevarlo. Lo pusieron encima de la mesa y sacaron de allí dos vestidos. Tenían un acabado majestuoso. El corsé llevaba pliegues dorados y había puntadas de hilo rojo oscuro. Eran los vestidos más impresionantes que Ella había visto en su vida.
-Vamos a ir a ver la obra "La escuela de las mujeres", debemos ir presentables- la comunicó.
-¿Te refieres a la obra de Molière?- preguntó Ella impresionada.
-Sí, hoy es el estreno- la contestó sin mucho entusiasmo- va a ir allí toda la corte y es preciso que te ponga en aviso quién es quién y te explique la situación-.
-¿Qué va a pasar con él?- dijo Ella preocupada mirando a Stephano.
-De momento no puede ir a ningún lado- contestó la anciana- no os sirve para nada en este estado-.
Aquel comentario la ofendió. Lo había dicho con tanta despreocupación, que tenía dejarle allí. Sentía que no tenía otra opción. Se fue a otra estancia y se cambió de ropa. Ágata tuvo que ayudarla con todos los cordones y diferentes estructuras que había. Cuando nadie estaba mirando, se escondió la carta del papel rojo entre la falda. No sabía cuando podría ser útil aquella información.  Una hora después, salieron allí. Un carruaje las estaba esperando a unos metros de la salida. Se adentraron y los caballos empezaron a trotar. La emoción invadía a Ella.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Amigo de lo ajeno

-Este es el momento perfecto, mejor imposible- se alegró Ágata.
-¿Es el momento perfecto para qué?-  preguntó Ella.
-Todos están ocupados, yo no tenía ropajes de hombres, puede entrar a cualquier casa aquí para coger algo. De lo contrario no pasaremos desapercibidos- y le hizo unos gestos con la mano para que entrase en una casa cercana. Stephano al principio se negó, pero viendo que no tenía otra opción, se fue refunfuñando. Nunca había robado, se sentía mal. Intentó pensar que lo hacía por una causa mayor. Ella había sido elegida para algo importante. Él estaba allí con ella, así que, él estaba incluido en el plan. Sus argumentos no eran muy convincentes, pero por lo menos le sirvieron para coger el coraje necesario.
Cuando entró en la casa, la quietud le rodeó con los brazos abiertos. Se encontraba en una habitación sencilla. No había ningún tipo de ropa allí, tan solo cajones vacíos. Se acercó a la puerta y la abrió con cuidado. Escuchó atentamente. Ningún ruido. Prosiguió su camino. Por un momento se quedó paralizado. Estaba en mitad de un lujoso salón. La belleza de aquel sitio era indescriptible. ¿Acaso las personas de aquella época se esforzaban por mostrar su poder material?. Intentó no distraerse y proseguir en su búsqueda. Pasaron minutos que se le hicieron eternos, pero al final encontró ropa. Cogió unos pantalones que le parecieron un tanto excéntricos y lo que supuso que sería la camisa. Tan acostumbrado estaba a los vaqueros, que para él era algo totalmente nuevo. Abrió la puerta, pero notó una extraña pesadez en ella. Miró a los lados, pero llegó a la conclusión de que no tenía tiempo para investigar. Debía salir de aquella casa lo antes posible. Cuando se adentró nuevamente en el salón, percibió un olor a carne podrida. Se le revolvió el estómago. No le gustaba aquella sensación. Apresuró el paso. Abrió la puerta que daba a la salida. Estaba a punto de dar su último paso cuando la puerta se cerró súbitamente. Un enorme perro apareció delante de él. Había surgido de la nada, pero no parecía dispuesto a darle tregua. Le enseñó sus enormes dientes. Se fue hacia la derecha para intentar despistarlo. El perro le siguió enseguida. Iba a ser complicado salir de aquella situación. Se giró hacia la izquierda, el perro le imitó enseguida. Cuando se giró al otro lado, no consiguió esquivarle. Sintió una punzada de dolor que le traspasó todos los sentidos. Miró al suelo, tenía un gran desgarro en la pierna.
De repente, se escuchó un silbido desde otra zona de la casa. Aquello distrajo al perro y Stephano aprovechó la ocasión para traspasar la puerta y cerrarla tras de sí. Tuvo que forcejear, el perro tenía mucha fuerza. Por suerte, consiguió cerrarla.  A duras penas salió por la ventana. Las dos mujeres le estaban esperando. Según las vio, oscuridad. Cayó al suelo.

lunes, 1 de agosto de 2011

Primeras impresiones

Vio luz, luego oscuridad. Otra vez luz, y luego otra vez oscuridad. Destellos de colores aparecían delante de ella. Cuando por fin consiguió restablecerse vio una sala de color verde pálido. Era pequeña pero acogedora. Sintió algo en su mano, se la miró y encontró con que tenía su pequeño ámbar entre los dedos. Se intentó levantar muy lentamente. La costó mucho porque se encontraba débil. Cuando su cuerpo se deshizo en partículas perdió mucha energía. 
Se arrastró hasta llegar a una ventana. Apoyándose en una pequeña mesa de madera consiguió levantarse y mirar por ella.. Se encontraba en el Louvre, pensó feliz. Tampoco estaba tan lejos de casa. ¿Por qué había carruajes en el patio? , se aclaró los ojos. Cuando volvió a mirar, exquisitas damas paseaban con grandes paraguas blancos. Se volvió a aclarar los ojos, pero seguía viendo lo mismo. Su pulso se aceleró, ¿Acaso estaba teniendo alucinaciones? ¿se estaba celebrando alguna fiesta?. Intentó tranquilizarse y ponerse de pie. Se miró en un espejo cercano, seguía con su vestido rojo y sus zapatos de tacón. Se acercó a la puerta, pero al escuchar un ruido no muy lejano no se atrevió a abrirla. Esperó a no oír nada, y después con mucho cuidado abrió la puerta.

miércoles, 27 de julio de 2011

Explosión de partículas

Aquel círculo proyectaba una extraña energía. Venció su miedo y se acercó. Cuanto más estaba en contacto con aquella luz, más quería. Era algo totalmente adictivo. 
Las piedras que estaban incrustadas relucían con un brillo cegador. Todo la invitaba a avanzar hacia allí.  Se acercó hasta el límite. Intentó frenar, pero algo se lo impedía.  Metió una mano dentro del círculo, después metió la otra. Y en menos de un minuto estaba entera dentro del círculo. En ese momento escuchó un ruido. La puerta de salida se abrió bruscamente y Stephano entró corriendo. La estaba gritando algo, pero Ella ya no le escuchaba. Estaba concentrada en un suave canto que salía de la puerta circular. Se adentró más. Aquel canto la relajaba hasta límites insospechados.  
Repentinamente el canto cesó y notó como su cuerpo explotaba en mil pedazos. Se dividió en millones de partículas que empezaron a chocar entre sí. Se estaban volviendo locas, igual que ella. Aunque en aquel momento Ella ya no existía, tan solo quedaban aquellas partículas y su esencia. 
Por un momento se paró todo. Fueron tan solo unos segundos porque enseguida aquellas partículas se empezaron a adentrar más y más en la puerta circular. La sensación allí dentro empezó a ser agobiante. Atravesaba masas de diferentes colores a una velocidad supersónica. Empezó sentirse mareada. Aunque su cuerpo se hubiese descompuesto, su esencia seguía viva y entera.

lunes, 25 de julio de 2011

Puerta circular

Al principio pensó en volver a su habitación. Pero la sombra que había visto no dejaba de rondarle la cabeza. Miró a su alrededor y no vio a Stephano. Bajó las escaleras y se dirigió en la misma dirección que aquello que la perturbaba la mente.
Se encontró en un largo pasillo lleno de puertas. No sabía donde se había escondido la sombra. Era complicado ver algo entre tanta oscuridad. Llegó hasta el final del pasillo, pero no vio nada. Se quedó pensativa y decidió volver a las escaleras desilusionada. Cuando al fin se decidió por volver, vio una leve luz que salía por debajo de la puerta. Se acercó y escuchó atentamente para ver si oía algo extraño. Esperó unos minutos pero nada. Decidió intentar abrir la puerta, al principio la costó mucho, pero dada su insistencia cedió.
Cuando entró se encontró sola en una gran habitación de madera. En el centro de ella había una gran puerta circular. Era de piedra gris con incrustaciones de pequeñas piedras. Eran tan pequeñas que de lejos no se veían. Eran de todos los colores: cuarzo rosa, aguamarina, turquesa... Le daba un aspecto brillante.
Cuando se acercó el interior se volvió de color gris. Ella se acercó a la puerta por el repentino miedo que sintió. Justamente cuando tocó el pomo de la puerta, energías blancas empezaron a salir del centro del círculo.

viernes, 22 de julio de 2011

Una sombra entre los festejos

Intentó camuflarse entre la gente para buscar una salida. No veía ninguna puerta cercana. El salón daba a largos pasillos y Ella no sabía cual elegir. Por lo menos había conseguido perder a Stephano de su vista. Eso era una buena señal, quizás por fin las cosas la empezaban a salir bien. Cruzó todo el salón mientras sonaban lentas canciones que hacían que todo el mundo saliese a la pista a bailar. A su paso miraba a cada una de las damas, eran de una delicadeza excepcional. Se adentró en uno de los pasillos. Intentó ser cauta para que nadie la viese. ¿Acaso lograría salir de allí?.
A lo lejos vio como algo producía destellos. Aceleró el paso, había una gran puerta al final. Era su oportunidad perfecta para escapar. Pero una sombra se cruzó en su pasillo. Se quedó petrificada cuando el gran cuerpo de Stephano apareció ante ella impidiendola el paso.
-Te dije que no intentases escapar- le dijo enfadado.
-No soy tu prisionera- le contestó Ella bruscamente.
-Pues considérate como mi invitada- y la cogió por la cintura y subió a sus brazos. No iba a dejar que se escapase, ya no sabía si para que no desvelase la reunión que había visto o porque la quería para si mismo.
Por unos pasillos colindantes a la sala de baile la llevó hacia las grandes escaleras de caracol. La dejó en el suelo y la dijo que o bien podía subir a su cuarto o seguir en el baile, pero tenía prohibido salir de ahí. Con esas palabras se fue. Ella se quedó pensativa, hasta que se fijó en que una sombra se estaba moviendo  no muy lejos de ella.

miércoles, 20 de julio de 2011

Un pequeño baile

Como no tenía nada que hacer se fue a dormir. Esa noche durmió muy intranquila. No hacía más que soñar cosas extrañas. Pasadizos que no la llevaban a ningún lugar. Una música la despertó. Se incorporó y encendió la luz. Se encontró con un elegante vestido encima y un pequeño cesto de aseo.  Le pareció muy extraño pero se acercó para verlo mejor.  Encontró una pequeña nota, la leyó atentamente "A medianoche te espero". Una ola de excitación acarició sus sentidos.
Se bañó y vistió con mucho mimo. Estaba nerviosa. Sacó de su bolso su rizador de pestañas, y se aplicó una capa doble de máscara de pestañas. El vestido rojo era de su talla y el escote en pico la favorecía.
Se puso unos zapatos de tacón alto y salió de la habitación. No había nadie esperándola así que fue sola hasta las grandes escaleras. El suelo de mármol ajedrezado era de un brillo indescriptible.
Cuantas más escaleras bajaba, más sonora era la música. No conocía la distribución de aquella mansión, pero se orientó por los sonidos. Pronto llegó a una gran puerta de madera. Estaba tallada en forma de árbol. Era impresionante.
La abrió con cuidado y se encontró ante una gran sala de baile. Estaba llena de personas elegantes y mujeres bellisimas. Sintió como los ojos negros se clavaban en su espalda.

lunes, 18 de julio de 2011

Reflexiones salvajes

No la había visto desde que la había llevado a su casa. El efecto de la droga que la había suministrado había durado más de lo previsto. No sabía porque pero se había enfadado nada más verla. Esa mujer despertaba en él los instintos más descontrolados. Había sido brusco y maleducado, pero no había podido evitarlo. Debía controlarse, era Stephano Doglioti Conde de Verona. No podía permitirse esos impulsos.
No sabía como aquella mujer había llegado hasta las ruinas. No debería dejarla vivir, pero por otro lado quería cogerla y desgarrar su ropa. Su cabeza era un remolino de ideas. La Orden a la que pertenecía no iba a apoyar sus actos si se enteraban. No podía dejarla libre, pero tampoco mantenerla como su prisionera para siempre. Tenía la vista nublada. Fue corriendo a coger su moto. Se sentó en ella y la hizo rugir con toda su potencia. Era tan elegante y tan fiera como su dueño. Salió del garaje a una velocidad vertiginosa.
Mientras tanto, Ella se había quedado paralizada. No estaba acostumbrada a que alguien la tratase con tanto desprecio. Si no la quería allí, la solución era muy fácil. Podía soltarla, ella no diría nada. ¿Acaso aquel hombre estaba furioso con ella? Había algo que no encajaba en aquella situación, pero de una manera o de otra lo iba a descubrir. Sus zapatos rojos la llevaron hasta la puerta. El sirviente la estaba esperando para llevarla de nuevo a sus aposentos. Con la mirada perdida abandonó aquellas estancias.

martes, 12 de julio de 2011

Una cena misteriosa

No sabía donde estaba y eso la intrigaba a la vez que la daba miedo. Cogió la rosa con mucho cuidado. Era la más bonita que había visto en su vida. La olió y por un momento se trasladó a un paraíso tropical. Se despertó de su sueño repentinamente cuando se pinchó con una espina. Pronto llegó el sirviente con una fuente de comida. La dejó encima de la mesa con mucha destreza. Se fijó en la pequeña mancha de sangre que había en la mesa y murmuró algo con tono de desaprobación.
Cuando se fue Ella miró detenidamente el plato que la había dejado. Se trataba de un increíble ejemplar de plata. En el borde aparecía tallado el ojo negro egipcio. Era el mismo que había visto impreso en las hojas rojas. Todo estaba relacionado, aunque no conseguía ver la conexión. Con esperanzas renovadas empezó a engullir la cena.
Se quedó pensativa en algunas ocasiones. No entendía como en los últimos días se habían mezclado en su vida elementos de la cultura egipcia y elementos de la cultura celta. Mirase por donde lo mirase para ella no existía relación alguna.

viernes, 8 de julio de 2011

La habitación

Ella quería abrir los párpados, pero la pesaban demasiado. Lo intentó con todas sus fuerzas y al final lo consiguió. Se encontró durmiendo en una gran cama de madera. Miró por la ventana y vio el atardecer. ¿Cuánto tiempo había dormido?, no se acordaba de nada. Estaba en la sala viendo como todos caían en una especie de trance y después de eso, nada. Tenía la mente en blanco. 
Intentó levantarse con calma. Tenía un fuerte dolor de cabeza. Miró a su alrededor. Se encontraba en una habitación enorme. Todos los muebles que había eran de madera, parecían muy antiguos. El color predominante de aquella habitación era el verde oscuro. Miró al suelo y vio sus zapatos rojos relucientes. Se los puso y se acercó a la ventana.  Fuera había un inmenso jardín, y más allá, muchos árboles que parecían formar un bosque. No sabía donde se encontraba. ¿Como había llegado hasta allí?
Después de inspeccionar todo se acercó a una gran puerta. Intentó abrirla pero estaba cerrada. Volvió a la ventana, pero por allí era imposible escapar. Se encontraba a mucha altura del suelo. Se sentía como una prisionera. Miró a su alrededor. Se percató que había una pequeña chimenea, intentó meter la cabeza dentro para encontrar una salida, pero nada. No la quedaban más opciones. Empezó a sentir miedo, se sentía como una prisionera. Se sentó en la cama otra vez, estaba haciendo fuerzas por recordar algo.

martes, 21 de junio de 2011

En el agujero

Se dio un fuerte golpe en la cabeza y se desmayó. ni siquiera sintió cuando todo su cuerpo fue a parar en el duro suelo.  Se quedó inconsciente un par de horas y cuando se despertó no recordaba del todo lo que había sucedido.Tenía todo el cuerpo magullado y la cabeza la daba vueltas. Se sentó unos instantes tranquilamente para aclarar su mente. ¿Cómo había llegado hasta allí?, se preguntó. Cuando se calmó un poco, empezó a mirar todos y cada uno de los huecos que había en aquel agujero. 
Constató que no había ninguna salida. Su corazón se empezó a acelerar por momentos cuando contempló la idea de que no iba a volver a ver la luz. Cuando estaba más desesperada se produjo un movimiento de tierra. Con un gesto de protección se puso las manos sobre la cabeza. Arena y piedras empezaron a caer con mucha fuerza. Cuando cesó el temblor miró arriba y dio un grito de terror cuando vio que grandes rocas habían tapado casi toda la salida. Empezó a pensar y mirar a su alrededor, pero nada se la ocurría. 
Repentinamente empezó a sentir humedad en los pies, ¿de dónde venía aquella agua?. En cuestión de pocos minutos vio como uno de sus zapatos comenzaron a flotar y su desesperación empezaba a ser máxima.

sábado, 4 de junio de 2011

El anticuario

Las paredes del pequeño anticuario estaban pintadas de rojo, y tenían grandes ventanales de madera. La puerta principal también era de madera y parecía muy vieja, así que tiró de ella cuidadosamente. Entró en una pequeña sala llena de diversos objetos, todos ellos relacionados con la Edad Media. Después de la sala había un pequeño pasillo, que la llevó a una sala más grande. Entró sin hacer mucho ruido para poder contemplar todo sin llamar demasiado la atención. Había varias personas curioseando objetos que parecían maravillas sacadas de un cuento.
Al fondo de la sala había una gran mesa de madera oscura. Detrás de ella, había un viejo señor de larga barba blanca y cejas pobladas. Llevaba unas gafas apoyadas sobre la nariz y estudiaba un documento con mucha atención. ¿Sería aquel el hombre al que estaba buscando?, ¿sabría ayudarla a descubrir que estaba pasando?.
Se acercó a la mesa con paso decidido. Saludó amablemente pero no la hizo caso, estaba muy concentrado en su lectura. Esperó callada a su lado sin saber muy bien que hacer.
-¿Para qué ha venido?- la preguntó repentinamente levantando la mirada.
-encontré su dirección en un papel y pensé que quizás me podría ayudar- y le entregó el papel rojo.
-Curioso- dijo nada más ver el papel- muy curioso- volvió a repetir y arrebató el papel de sus manos. Lo estudió unos minutos, después dijo alguna expresión que Ella no logró entender a la vez que sus ojos empezaban a brillar de alegría. Se levantó y desapareció detrás de una puerta dejándola atónita.

jueves, 2 de junio de 2011

Camino

Encontró finalmente sin dificultad aquel lugar que venía indicado en el papel rojo. Decidió que iría al día siguiente por la mañana. Cuanto antes averiguase que estaba pasando, antes comprendería a lo que tenía que enfrentarse. Miró por última vez el ámbar verde que había encontrado, y lo dejó en la mesilla de noche, junto con sus dos piedras. Desde que la mujer  se las había regalado, la sucedían cosas extrañas y sin explicación.
Se levantó al día siguiente sin ninguna dificultad. Desayunó, se vistió y se puso sus zapatos rojos. Estaba lista para comerse el mundo un día más. No iba a dejar que ningún contratiempo, ni ningún problema frenasen su optimismo de cada día.
"El libro rojo" estaba situado bastante lejos de donde ella vivía, así que decidió ir primero a su jardín favorito para pensar. Allí llegó en poco tiempo, y nuevamente los tulipanes llenaron el ambiente de magia.  La energía positiva de aquel lugar la llenaba de satisfacción. ¿Cómo era posible que hubiese gente allí incluso en horas tan tempranas?, ¿acaso los días eran duros, y las personas allí presentes necesitaban un momento de tranquilidad, para coger ánimos y fuerzas?. Después de unos minutos con los ojos cerrados, respirando la bonita fragancia de las flores, y escuchando su propio latido, decidió seguir con su día.
El camino para llegar hasta aquel lugar era bastante complicado. En la zona en la que se encontraba había multitud de calles pequeñas llenas de comercios y de diversos cafés. Toda clase de personas se paseaban o corrían con prisa por allí. Después de callejear mucho, por fin llegó a su destino. Ante su sorpresa se encontró delante de un anticuario. Parecía muy solitario y abandonado, pero aún así, sin pensárselo dos veces, entró de forma decidida.

En el salón

Entró con mucha cautela y sin hacer nada de ruido. Cogió un pequeño bate de madera que tenía cerca de la puerta, por si alguna vez surgía algún peligro. Se acercó lentamente a la cocina, pero no había nadie, después al dormitorio, pero las cosas también estaban en su sitio, por último entró en el salón y aparentemente tampoco vio nada extraño. ¿Entonces por qué sus llaves no estaban? ¿Por qué la puerta estaba abierta?. Se situó en el centro del salón, con el bate aún en la mano y empezó a mirar todo minuciosamente.
Cuando sus ojos repararon en la mesa central, se dio cuenta que había unas hojas de color rojo encima de ella. ¿Qué hacían allí esas extrañas hojas?. Se agachó y las cogió. No vio nada escrito, tan solo el símbolo del ojo negro en un margen del papel. Miró cada una de las hojas pero no encontró nada más hasta que llegó a la última. En esta, con escritura gótica, había una dirección, y nuevamente el ojo negro. Parecía la dirección de alguna tienda, llamada "El libro rojo", pero no sabía donde se encontraba. Decidió buscarla enseguida en un mapa.
Fue a cerrar la puerta para tener seguridad de que nadie iba a volver a entrar, empujó la puerta, pero no se cerraba. Empezó a mirar asustada otra vez por si había alguien, cuando vio algo. Se acercó a las escaleras y allí en el suelo encontró una pequeña piedra de ámbar verde, ¿estaban relacionadas las hojas rojas y el ámbar de alguna manera?, pensó.

miércoles, 1 de junio de 2011

Investigaciones

Después de una larga investigación por internet, averiguó muchas cosas. Entre los símbolos que identificó, había muchos que estaban relacionados con la cultura celta: la espiral, que representaba la vida eterna y el continuo cambio evolutivo; la triketa, o también conocido como "cielo, mar y tierra" , la cruz celta, y por último el awen, conocido como "armonía".
 También había otros de origen egipcio, como el ojo de horus y la llave de la vida, que son símbolos muy importantes en toda la mitología egipcia.
Los demás símbolos que encontró estaban relacionados con la Edad Media. Concretamente, había cruces y escudos que representaban a renombradas familias de esta época.
Además, en el texto central, existían numerosos dibujos entrelazados que representaban elementos de la naturaleza. No sabía el significado exacto de todos, ¿qué relación tenían unos símbolos con otros? ¿por qué tantas culturas y épocas históricas se juntaban en un solo pergamino?, cada vez entendía menos y menos del asunto.
Cuando sintió que sus ojos no podían mirar más tiempo al ordenador, abrió el cajón para coger las llaves e irse a casa a descansar. Tanteó con la mano, pero no las sintió por ningún lado. Abrió el cajón totalmente, pero sus llaves habían desaparecido. Salió corriendo de la oficina y cogió un taxi. 
Llegó en pocos minutos, no había tráfico. Subió las escaleras de dos en dos, ni siquiera esperó al ascensor. Cuando finalmente llegó a la cuarta planta, la puerta estaba entreabierta. 

martes, 31 de mayo de 2011

El ojo

El resto del día no tuvo mucho tiempo para pensar sobre lo ocurrido porque había mucho trabajo. El final de mes se acercaba y la publicación tenía que estar perfecta para salir al mercado. Sus botas rojas la llevaron a numerosas reuniones y departamentos. Cada vez que volvía de una y entraba en su despacho, miraba hacia su derecha y veía el ramo de flores. Estaba deseosa de tener un minuto libre para poder investigar. ¿Su vida estaba dando un giro inesperado?, ¿ habían notado algo diferente en ella el resto de empleados?, ¿seguía siendo una broma de alguien?.
Por fin, al final del día, se sentó en su gran sillón de cuero y sacó el mapa. Cogió una lupa de un cajón y se puso a mirar detenidamente. Encontró varios símbolos que le llamaron la atención. Uno de ellos era el ojo negro, el mismo que había al final de la nota que había recibido con las flores. Los demás, seguía sin reconocerlos. También había algo escrito en el pergamino, pero no llegaba a comprender el idioma. Era una escritura muy rítmica y elaborada. 
Estuvo observando el mapa unos minutos más, mientras que en una pequeña libreta negra apuntaba y dibujaba los diferentes símbolos. Cuando terminó, abrió internet y empezó a buscar.

lunes, 30 de mayo de 2011

El regalo

Después de pasar una mala noche, se levantó pronto para ir al trabajo. En la calle estaba diluviando, así que se calzó sus botas rojas y salió a conquistar un nuevo día. ¿Habría alguna consecuencia después de la noche en el museo?, ¿habría sido tan solo una broma pesada?.
Aceleró el paso, no sin dejar de tener cuidado con el bolso, puesto que ahí tenía el pergamino. Decidió que le sacaría una copia e intentaría buscar por internet alguno de los símbolos que aparecían.
Cuando llegó no había nadie, así, que fue tranquilamente a su despacho sin entretenerse con nada. Cuando llegó a la puerta una ola de incertidumbre y sorpresa la invadió. Encima de su mesa había un gran ramo de rosas rojas. Se acercó y se dio cuenta que también había un sobre y una pequeña cajita.
Se sentó nerviosa y abrió el sobre despacio. "Creo que en el museo perdiste algo" y como firma había dibujado un ojo negro alargado. Ella cogió instintivamente la caja mientras releía la nota. La abrió y allí encontró la mitad del cuarzo rosa que se le había perdido.

sábado, 28 de mayo de 2011

El pergamino

Cogió el pergamino con mucho cuidado. Parecía muy frágil y antiguo. Lo desenrolló lentamente y ante ella aparecieron una multitud de símbolos desconocidos. Los bordes estaban llenos de varios tipos de cruces, Ella no consiguió distinguir todos, tan solo la cristiana, la celta y la cruz egipcia, pero había más tipos. En el centro había un texto en un idioma que no podía comprender. ¿Qué era lo que estaba sucediendo?, se preguntó concentrada en el texto.
Se sobresaltó cuando la puerta se abrió. Pensó que otra vez serían aquellos ojos, pero se equivocó, era un empleado del museo vestido con su uniforme de gala.
-¿Qué hace aquí señorita?- preguntó muy sorprendido- esta sala todavía no esta abierta- prosiguió después de una pausa-  salga si es tan amable- y se alejó.
Ella sin explicación alguna recogió sus cosas y se dispuso al salir. Justo antes de eso, se fijó en que en el mismo sitio donde se había caído el pergamino ahora se encontraba una pluma roja. Se acercó y la cogió pensativa, ¿alguien quería mandarla un mensaje?.
Después de pasear unos minutos por las diferentes salas, cogió su abrigo y salió del museo en busca de alguna respuesta.