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jueves, 27 de octubre de 2011

Paseos nocturnos

El noble no se encontraba cómodo con Stephano mirándole todo el rato. Le mandó fuera. Stephano al no ser más que un criado, no podía sino hacer caso. Los minutos que pasó allí se le hicieron eternos. Tan solo esperaba que no se excediese en sus labores de entrevista.  Estaba impaciente andando de un lado hacia otro. Se sentía como un león en una jaula.
Poco tiempo después salió Ella. Tenía una sonrisa en la cara. Según pasó a su lado, le guiñó un ojo y le señaló que la acompañase. Formaron una fila, con el noble en cabeza. Anduvieron por unos pasillos muy largos y estrechos. Debían tener menor rango que los anteriores, porque estaban decorados de forma muy sencilla. Ella esperaba ver adornos y estancias pomposas, pero no era así. El noble los estaba llevando al otro ala del palacio. Allí es dónde se alojaría Ella durante su estancia en Versailles. Por su parte, Stephano se alojaría en un cuarto pequeño compartido con más sirvientes.
Cuando llegaron a la habitación, Ella se quedó impresionada. Estaba enteramente decorada de tonos dorados y verdes. El noble se despidió y la dijo que al día siguiente por la había planeada una cacería. Por el momento la dejaría descansar y tendría a su disposición una doncella si la necesitaba, ya que no la acompañaba ninguna. Miró con desprecio a Stephano y le dijo que le acompañase. Ella se quedó sola en la habitación con sus pensamientos. ¿Acaso podría aguantar aquella mentira durante mucho tiempo?, ¿tan malo era vivir de aquella manera? se sentía como una princesa. Alguien cuidaba de ella y la mimaba. ¿Acaso no era aquello lo que buscaban todas las personas románticas? Estaba demasiado confundida. Con todas aquellas preguntas se quedó dormida. Mentir tanto era muy sacrificado para ella. La dejaba agotada.
Por la noche escuchó ruidos. Se despertó sobresaltada. Alguien abría la puerta. Se agazapó detrás de la cama. Tenía miedo y estaba todo oscuro. Una silueta oscura se dibujó en el horizonte. Ella pegó un grito. El corazón la latía a mil por hora. Iba a salirse de su pecho. Tenía toda la tensión acumulada en su cuerpo. Respiró relajada cuando distinguió los rizos oscuros de Stephano. Pero.. ¿¿qué hacía allí??

lunes, 5 de septiembre de 2011

Amigo de lo ajeno

-Este es el momento perfecto, mejor imposible- se alegró Ágata.
-¿Es el momento perfecto para qué?-  preguntó Ella.
-Todos están ocupados, yo no tenía ropajes de hombres, puede entrar a cualquier casa aquí para coger algo. De lo contrario no pasaremos desapercibidos- y le hizo unos gestos con la mano para que entrase en una casa cercana. Stephano al principio se negó, pero viendo que no tenía otra opción, se fue refunfuñando. Nunca había robado, se sentía mal. Intentó pensar que lo hacía por una causa mayor. Ella había sido elegida para algo importante. Él estaba allí con ella, así que, él estaba incluido en el plan. Sus argumentos no eran muy convincentes, pero por lo menos le sirvieron para coger el coraje necesario.
Cuando entró en la casa, la quietud le rodeó con los brazos abiertos. Se encontraba en una habitación sencilla. No había ningún tipo de ropa allí, tan solo cajones vacíos. Se acercó a la puerta y la abrió con cuidado. Escuchó atentamente. Ningún ruido. Prosiguió su camino. Por un momento se quedó paralizado. Estaba en mitad de un lujoso salón. La belleza de aquel sitio era indescriptible. ¿Acaso las personas de aquella época se esforzaban por mostrar su poder material?. Intentó no distraerse y proseguir en su búsqueda. Pasaron minutos que se le hicieron eternos, pero al final encontró ropa. Cogió unos pantalones que le parecieron un tanto excéntricos y lo que supuso que sería la camisa. Tan acostumbrado estaba a los vaqueros, que para él era algo totalmente nuevo. Abrió la puerta, pero notó una extraña pesadez en ella. Miró a los lados, pero llegó a la conclusión de que no tenía tiempo para investigar. Debía salir de aquella casa lo antes posible. Cuando se adentró nuevamente en el salón, percibió un olor a carne podrida. Se le revolvió el estómago. No le gustaba aquella sensación. Apresuró el paso. Abrió la puerta que daba a la salida. Estaba a punto de dar su último paso cuando la puerta se cerró súbitamente. Un enorme perro apareció delante de él. Había surgido de la nada, pero no parecía dispuesto a darle tregua. Le enseñó sus enormes dientes. Se fue hacia la derecha para intentar despistarlo. El perro le siguió enseguida. Iba a ser complicado salir de aquella situación. Se giró hacia la izquierda, el perro le imitó enseguida. Cuando se giró al otro lado, no consiguió esquivarle. Sintió una punzada de dolor que le traspasó todos los sentidos. Miró al suelo, tenía un gran desgarro en la pierna.
De repente, se escuchó un silbido desde otra zona de la casa. Aquello distrajo al perro y Stephano aprovechó la ocasión para traspasar la puerta y cerrarla tras de sí. Tuvo que forcejear, el perro tenía mucha fuerza. Por suerte, consiguió cerrarla.  A duras penas salió por la ventana. Las dos mujeres le estaban esperando. Según las vio, oscuridad. Cayó al suelo.

martes, 16 de agosto de 2011

Una habitación silenciosa

Mucha gente hablaba en susurros. Ella no entendía nada. Pero no la importaba, intentaba no moverse en absoluto, para que la diesen por muerta. Iba chocando contra objetos que no reconocía. Se movía hacia un lado y hacia otro lado.  Aquel hombre no era nada cuidadoso con ella. Pero cualquier cosa era mejor que acabar en la hoguera o en cualquier otro sitio. No parecía estar en un sitio muy civilizado.
Sintió todo tipo de olores. La mayoría eran muy fuertes y confusos. La llenaban las fosas nasales y revolvían el estomago. Esperaba salir pronto de ahí, no podría contener su malestar durante mucho tiempo. Cuando sintió que los brazos que la sostenían se relajaban sintió como una ola de tranquilidad se apoderó de ella. Empezaron a subir unas escaleras que parecían muy empinadas. El murmullo ya había cesado. Un inquietante silencio se apoderó de todo. Abrió los ojos lentamente y se encontró en una pequeña habitación. Sus ojos se tenían que acostumbrar a la luz, pero no parecía que hubiese muchos muebles.
Levantó la mirada, pero no vio al hombre, era muy alto. La sombra se proyectaba sobre su cara. No podía verle, eso no me gustó. Intenté soltarme, pero sus brazos la agarraban con fuerza. Como si fuese una muñeca la depositó encima de una mesa.                                          

viernes, 8 de julio de 2011

La habitación

Ella quería abrir los párpados, pero la pesaban demasiado. Lo intentó con todas sus fuerzas y al final lo consiguió. Se encontró durmiendo en una gran cama de madera. Miró por la ventana y vio el atardecer. ¿Cuánto tiempo había dormido?, no se acordaba de nada. Estaba en la sala viendo como todos caían en una especie de trance y después de eso, nada. Tenía la mente en blanco. 
Intentó levantarse con calma. Tenía un fuerte dolor de cabeza. Miró a su alrededor. Se encontraba en una habitación enorme. Todos los muebles que había eran de madera, parecían muy antiguos. El color predominante de aquella habitación era el verde oscuro. Miró al suelo y vio sus zapatos rojos relucientes. Se los puso y se acercó a la ventana.  Fuera había un inmenso jardín, y más allá, muchos árboles que parecían formar un bosque. No sabía donde se encontraba. ¿Como había llegado hasta allí?
Después de inspeccionar todo se acercó a una gran puerta. Intentó abrirla pero estaba cerrada. Volvió a la ventana, pero por allí era imposible escapar. Se encontraba a mucha altura del suelo. Se sentía como una prisionera. Miró a su alrededor. Se percató que había una pequeña chimenea, intentó meter la cabeza dentro para encontrar una salida, pero nada. No la quedaban más opciones. Empezó a sentir miedo, se sentía como una prisionera. Se sentó en la cama otra vez, estaba haciendo fuerzas por recordar algo.